Las mujeres no somos igual que los hombres

Las mujeres no somos igual que los hombres

Hoy es un día en el cual me inundan miles de recuerdos. Aquella mágica época, acantilados, pasión, viajes y sobre todo, la mano de aquel hombre que me hizo ver que yo no era igual que nadie, simplemente era especial. Me llamo Paola y quiero contarte una historia llena de amor verdadero y pasión por conocer mi yo más interno y real. Y a la vez, compartir contigo un sentimiento profundo acerca del ser mujer y del potencial que tenemos si conectamos con nuestras emociones.

Todo empezó en Ibiza. Yo me encontraba allí luchando por aminorar los efectos de una resaca que parecía durar más de una semana. Era nuestro viaje preferido. Laura, Carmen y yo siempre reservábamos la misma semana de Septiembre para poder disfrutar a lo loco de la fiesta que te ofrece Ibiza. Nos pusimos a recordar algún que otro coma etílico, el exceso en la toma de drogas y los muchos sentimientos de vacío después de acostarnos con más hombres que días tiene la semana. Eran las 12:00 del mediodía y yacíamos bronceando nuestros cuerpos en la playa. Tres chicos, que estaban todos como un tren, se acercaron pidiéndonos fuego. Ninguna de las tres fumábamos, pero no podíamos dejar escapar la ocasión de ligar con ellos. Sin temor les comenté que me había dejado el tabaco en casa, pero que yo les podía ayudar a encontrar fuego preguntando a otras chicas. Y así fue, les conseguí fuego y pasaron todo el día con nosotras. 

Main Photo by Jenn Richardson

Llegó la noche y nos preparamos todos para ir a la discoteca. Últimos toques de rímel y lista. Me encontraba guapísima, creyendo que lo tenía todo: un físico espectacular, dinero y sobre todo una colección de chicos esperando en fila india. Entramos los seis y empezó la fiesta. Probamos diversas drogas y justamente nos liamos con ellos formando tres parejas. Fue genial hasta el momento en que decidimos salir afuera a enrollarnos. Su nombre era Jorge y era el típico ligón. Ojos azules, moreno y con un trabajo que sus amigos envidiaban. Sabía que sería fácil ligármelo pero lo que no sabía es que yo me iba a transformar.

Una vez rebozados en la arena él se dispuso a bajarme los pantalones. Y en el preciso instante en el que mis pantalones rozaron mis rodillas, una voz interior me gritó para que parara. Salté apartando a Jorge que cayó a mi lado. Él no entendía nada. Me llamó de todo. Desde puta hasta malnacida. No entendía lo que me pasó, ni en aquel momento yo tampoco. Me sentí sucia, sin saber qué estaba haciendo y si lo que hacía me llenaba lo suficiente. Recordé los excesos con las drogas, cómo muchos chicos me trataban como una mujer-objeto y sentí que realmente no estaba preparada para quererme.

Eran las 6:30 horas de la mañana y el sol aparecía del mar luciendo con sus rayos anaranjados. Yo caminaba descalza sintiendo cada paso que daba en mis pies. Tenía una sensación muy extraña. Por una parte me sentía deseosa de hacer desaparecer mi pasado y sobre todo los excesos que me hicieron llegar a parecer un objeto en manos de otros. Y por otro lado me sentía libre, interiorizando cada una de las pisadas que daba hacia adelante. Y siguiendo mi camino me encontré con un chico que se encontraba haciendo posturas raras. Le pregunté sin vergüenza si me podía decir qué estaba haciendo y él respondió sin problemas contándome que estaba haciendo Yoga mientras observaba el amanecer.

Photo by Lee Key

Le pregunté si le importaba que me sentara a su lado, este chico transmitía una paz y serenidad envidiables. Y justo era lo que necesitaba. En dos minutos él dejo de hacer Yoga y se sentó a mi lado. Se llamaba Eric y era más mayor que yo. Me preguntó qué es lo que me preocupaba. Yo, a la defensiva, le contesté que no era de su incumbencia. Él me respetó y se ofreció a ayudarme, diciéndome que veía a través de mis ojos que había sufrido aquella noche. Y es ahí cuando me derrumbé. Me puse a llorar y él me ofreció un abrazo sincero que fue reponiendo cada uno de los pedazos en los que me había convertido.

Estuvimos hablando durante una hora hasta que surgió el tema que no quería tratar. Me hice la valiente y le conté lo vacía que me encontraba, que me encantaría borrar mi pasado para volver a renacer, y sobre todo que me sentía inferior a los hombres porque ellos podían tenerlo todo y yo nada.  Él se quedó mirándome fijamente a los ojos y me susurró al odio – Tú ya has renacido –. Y a esto añadió: – Las mujeres no os tenéis que comparar con los hombres, vosotras sois el cambio, la esperanza. Sois la pureza, la emoción elevada al cuadrado, el brillo en los ojos. Sois bien diferentes y tenéis el don de quererlo todo. No os conformáis con sobrevivir, sino que necesitáis vivir. Así que no veo el por qué os debéis defender. A vosotras nadie os puede atacar, nadie está a vuestro nivel. Nunca podréis ser inferiores a nadie, sois la pureza del ser humano. Desbordáis sensibilidad y sois el motor que puede hacer que este mundo se humanice. Sois capaces de sacar adelante familias, estar en los peores momentos de los demás, ser amigas de verdad. Ser mujer es un regalo, no pretendas despreciarlo –.

Al finalizar esta reflexión me regaló el beso más intenso y verdadero que jamás pude obtener. Se despidió diciéndome que el camino nos volvería a juntar. Lloré durante tres horas seguidas. Era tanto y tan intenso lo vivido en tan poco tiempo que necesitaba expresar mis emociones. Al cabo de los días decidí cambiar mi vida. Cogí una mochila y me dispuse a viajar sin rumbo pero con un destino claro: conocerme a mi misma.

Y dos años y medio después, me había recorrido más de 45 países del Planeta Tierra. Me encontraba en Taiwán y paré para tomarme un refresco en un local céntrico. Al levantar la cabeza vi a una chica llorando enfrente de mi. Me acerqué y sin preguntar le abracé. Recordé inmediatamente el abrazo profundo que me regalo Eric cuando más perdida me encontré. Le pregunté que le pasaba y me explicó que se sentía perdida, vacía, inferior al resto de la gente. Y fue entonces cuando me vino a la cabeza aquella magnifica reflexión acerca de las mujeres que me regaló Eric. Cuando me dispuse a recordarla, miles de sentimientos se removieron por mi cuerpo y de repente una botella de agua golpeó en mi cabeza. Cuando levanté la vista él estaba allí. Más viejo, con más arrugas, sin prácticamente pelo, pero con la misma sonrisa. Le maldije por el botellazo y le abracé como si no hubiera mañana. Me ofreció sin pensarlo iniciar el viaje de nuestras vidas. No dudé ni un momento en decirle que si. Me preguntó que por qué me sentía preparada y yo le dije sin ningún tapujo: – Soy mujer –.




Marc FasFounder at Dreamingpass

Yo de mayor quiero ser libre. He creado un boarding pass para ayudarte a conseguir tu sueño más preciado: ser feliz. Me siento emprendedor, me encanta fluir con la vida y las cosas sencillas. No soy el mismo desde que tuve un despertar interior que me lleva a viajar en busca de la felicidad. Puedes encontrar más sobre mi en Acerca de o en mi perfil atípico de linkedin. Escribo en mi blog, vendo mis servicios para ayudarte a ser feliz y viajo muy a menudo para demostrar que para mi: "la vida es otra cosa".

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